Funcionaba desde hace 15 años y coordinaba la atención y derivación de niños con cardiopatías congénitas en una red federal de alta complejidad. La desvinculación de sus siete médicos superespecializados generó un fuerte repudio en la comunidad médica.
El inicio de 2026 trajo una noticia que conmocionó al sistema de salud pediátrico: el Programa Nacional de Cardiopatías Congénitas (PNCC) fue desarticulado tras la desvinculación de los siete médicos que lo coordinaban desde hacía 15 años. Se trataba de un equipo altamente especializado que garantizaba atención continua —las 24 horas, los 365 días del año— para bebés y niños con cardiopatías congénitas en todo el país.
El cirujano cardiovascular pediátrico Willy Conejeros Parodi, uno de los integrantes históricos del programa, se enteró de la decisión de manera informal, luego de detectar en el sistema sanitario a un niño grave que aguardaba derivación. Horas después supo que ni él ni sus colegas ya formaban parte del PNCC, pese a que el programa seguía recibiendo notificaciones de casos críticos.
La salida de los profesionales se concretó mediante mensajes breves o comunicaciones verbales que informaban la no renovación de los contratos para 2026, en el marco de la Ley de Empleo Público Nacional. El resultado fue el vaciamiento del equipo técnico que sostenía el corazón operativo del programa.
La pediatra Ana Speranza, creadora del PNCC en el Ministerio de Salud, calificó la decisión como “inconcebible” y remarcó que se trataba del programa que mejor funcionaba en el país para resolver la patología cardiológica infantil, tanto intraútero como luego del nacimiento.
El repudio fue inmediato. La Asociación Argentina de Salud Pública pidió revertir la medida y el médico y diputado Pablo Yedlin advirtió que el desmantelamiento del programa, creado en 2008 y respaldado por ley desde 2023, es ilegal. Según recordó, más de 4.000 bebés nacen cada año con cardiopatías congénitas en la Argentina, y la mitad requiere cirugía.
El PNCC articulaba una red de 15 centros categorizados por niveles de complejidad. Desde cualquier provincia, los casos se notificaban a través del Sistema Integrado de Información Sanitaria Argentino (SIISA), y los coordinadores evaluaban la gravedad y gestionaban la derivación al centro más adecuado, ya fuera local, regional o en Buenos Aires, donde funcionan los hospitales de mayor complejidad, como el Hospital Garrahan.
Gracias a este esquema, se lograron alrededor de 800 cirugías anuales, más de 6.000 notificaciones por año, la reducción de la lista de espera a cero y una sobrevida cercana al 95%, comparable con la de países desarrollados. Además, el programa fortaleció el diagnóstico prenatal, formó cardiólogos referentes en todas las provincias y equipó a los centros con tecnología de alta complejidad.
Hoy, tras la desvinculación de los médicos, solo quedan seis empleados administrativos y un asesor, una situación que, según Conejeros, deja desprotegidos a los niños que viven en provincias con menor acceso a diagnóstico y tratamiento especializado. “Los más perjudicados no son los grandes hospitales, sino los chicos que nacen lejos de los centros de alta complejidad”, advirtió.
En una carta abierta, la médica Alejandra Villa, primera coordinadora del programa, subrayó que el PNCC fue un modelo federal basado en planificación, protocolos y trabajo en red, presentado incluso como ejemplo ante organismos internacionales. “No se trata de cargos ni de estructuras —escribió—, sino de niños, familias y un sistema que demostró que cuando el Estado y los equipos de salud trabajan juntos, se salvan vidas”.






