Ex compañeras y testigos que compartieron la escuela con Tomás Mulinetti relataron episodios de agresión, acoso y violencia desde su adolescencia. El crimen ocurrido en Villa María durante la madrugada de Año Nuevo desató una ola de denuncias públicas y reclamos de justicia.
El femicidio de Delfina Aimino, ocurrido durante la madrugada del 1° de enero en la ciudad de Villa María, Córdoba, sacó a la luz una serie de testimonios que describen un pasado marcado por la violencia del principal acusado, Tomás Mulinetti. Tras conocerse su identidad, numerosas mujeres comenzaron a compartir en redes sociales y medios locales relatos de agresiones físicas, acoso y conductas violentas que, aseguran, se remontan a su etapa escolar.
Ex compañeras del colegio y otras personas que lo conocieron durante la primaria y la secundaria relataron situaciones reiteradas de violencia. Según estos testimonios, Mulinetti habría sido cambiado de grado en varias oportunidades por su conducta agresiva. Algunas mujeres afirmaron haber sufrido acoso durante años, mientras que otras denunciaron ataques físicos, como golpes, amenazas y episodios de extrema violencia dentro del aula, que incluso habrían requerido la intervención policial.
Los relatos, recopilados por el medio local Villa María Ya!, coinciden en describir un patrón de comportamiento sostenido en el tiempo. Entre las denuncias se mencionan agresiones a compañeras, destrozos en instalaciones escolares y episodios de intimidación hacia docentes. Varias mujeres aseguraron que intentaron denunciar estas situaciones en el pasado, pero que no fueron escuchadas ni tomadas en serio.
Pese a la gravedad de los testimonios que circularon tras el crimen, la fiscal Silvia Maldonado, a cargo de la causa, informó que Mulinetti no registra antecedentes penales formales. La aclaración generó nuevas discusiones públicas sobre las fallas en los mecanismos de prevención, detección temprana y abordaje de la violencia de género, especialmente cuando los hechos ocurren durante la adolescencia.
El caso también generó un fuerte repudio institucional. La Universidad Nacional de Córdoba, donde el acusado cursaba estudios, difundió un comunicado junto a su área de Género y a la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. En el texto expresaron su acompañamiento a la familia y amistades de la víctima y exigieron a la Justicia actuar con celeridad, además de reclamar a los organismos del Estado el cumplimiento de los compromisos internacionales para garantizar una vida libre de violencias.
Según la reconstrucción judicial, Delfina Aimino y Mulinetti se conocieron a través de una aplicación de citas y acordaron encontrarse durante los festejos de Año Nuevo. El ataque se produjo entre las 3 y las 4 de la madrugada, en inmediaciones del campus de la Universidad Nacional de Villa María. El cuerpo de la joven fue hallado con heridas de arma blanca en el cuello por un vecino que paseaba a su mascota.
La identidad de Delfina fue confirmada mediante un cotejo de ADN, ya que no llevaba documentación al momento del hallazgo. Horas más tarde, la fiscalía ordenó un allanamiento en la vivienda del acusado, quien fue visto esa misma madrugada lavando el automóvil en el que, presuntamente, trasladó a la víctima.
Mulinetti fue detenido e imputado por homicidio agravado. Se negó a declarar y quedó bajo prisión preventiva, mientras la investigación avanza con nuevas pericias, análisis de cámaras de seguridad y toma de testimonios. El femicidio de Delfina Aimino reavivó el debate sobre la violencia machista, la importancia de escuchar las denuncias tempranas y la responsabilidad institucional frente a conductas reiteradas que, de no ser abordadas, pueden derivar en crímenes extremos.






