Sebastiana Barrera falleció a fines de 2025. Su lucha por justicia tras el asesinato de su hijo en un regimiento de Zapala fue clave para exponer la violencia dentro de la “colimba” y derivó en su eliminación en 1994.
Sebastiana Barrera, madre del soldado Omar Carrasco y figura central en el reclamo de justicia que derivó en el fin del Servicio Militar Obligatorio en la Argentina, murió a fines de 2025. La noticia se conoció esta semana y, según confirmó el diario Río Negro, su fallecimiento ocurrió el 26 de diciembre.
Desde el asesinato de su hijo en 1994, Barrera se convirtió en un símbolo de la lucha contra los abusos dentro del Ejército. Su perseverancia y visibilidad pública ayudaron a destapar uno de los casos más graves de violencia institucional de la historia reciente y empujaron la decisión política de terminar con la llamada “colimba”.
Omar Carrasco fue visto con vida por última vez el 6 de marzo de 1994 en el Grupo de Artillería 161 de Zapala, Neuquén, donde cumplía el servicio militar. Dos soldados se lo llevaron para un “baile”, una práctica de castigo físico extremo habitual en los cuarteles. Nunca regresó.
Cuando sus padres fueron a visitarlo, desde el regimiento les dijeron que había desertado. No lo creyeron y comenzaron una búsqueda desesperada. Un mes después, el 6 de abril, su cuerpo apareció en un descampado cercano al Cerro Gaucho, con evidentes signos de violencia.
Las primeras versiones oficiales intentaron instalar que el joven había muerto por hipotermia tras escapar. Sin embargo, las pericias forenses desmontaron esa hipótesis. Los especialistas determinaron que Carrasco falleció a causa de una brutal golpiza: presentaba costillas fracturadas, lesiones internas graves y una contusión pulmonar que le provocó asfixia. Además, se concluyó que no recibió atención médica adecuada.
El perito oficial Enrique Prueger fue categórico: “A Carrasco lo mataron a patadas, no le dieron atención médica y lo dejaron morir. Es una muerte que se podría haber evitado”.
La investigación derivó en condenas judiciales. El subteniente Ignacio Canevaro recibió 15 años de prisión, mientras que los soldados Cristian Suárez y Víctor Salazar fueron condenados a 10 años. También hubo penas por encubrimiento.
El impacto social del crimen fue inmediato. La conmoción pública y el reclamo incansable de Sebastiana Barrera obligaron al Estado a revisar el sistema de conscripción. El 31 de agosto de 1994, el entonces presidente Carlos Menem decretó el fin del Servicio Militar Obligatorio y lo reemplazó por un régimen voluntario y rentado.
A más de tres décadas del caso, la figura de Barrera quedó asociada a esa transformación histórica: la de una madre que convirtió el dolor en lucha y logró que la muerte de su hijo marcara un antes y un después en las Fuerzas Armadas argentinas.






