Aunque actualmente se encuentra de licencia al frente del municipio por su función como diputada provincial, la dirigente mantiene su rutina matinal en bicicleta por el centro y el oeste del distrito. Diez kilómetros diarios que combinan salud, presencia territorial y cercanía con los vecinos.
La escena se repite cada mañana en Quilmes. Antes de que la jornada política comience formalmente, Mayra Mendozaya está en movimiento. Casco, bicicleta y una hora por delante para recorrer distintos puntos del centro y de Quilmes Oeste.
Son aproximadamente diez kilómetros diarios. Una rutina constante que combina disciplina física y contacto directo con la realidad cotidiana del distrito. Mientras algunos comercios levantan sus persianas y los primeros colectivos comienzan a circular con mayor intensidad, la dirigente avanza por las calles saludando a vecinos que la reconocen al pasar.
Aunque hoy cumple funciones como diputada provincial y se encuentra de licencia en el Ejecutivo local, su presencia territorial en Quilmes sigue siendo parte de su identidad política. La recorrida no es un acto formal ni una actividad de agenda pública: es un hábito sostenido en el tiempo.
Salud y equilibrio en una agenda exigente
El ciclismo es una de las actividades aeróbicas más recomendadas para fortalecer el sistema cardiovascular. Diez kilómetros diarios ayudan a mantener el corazón activo, mejorar la resistencia y reducir el estrés. En roles de alta responsabilidad institucional, el ejercicio se convierte también en una herramienta de equilibrio personal.
La constancia en el entrenamiento refleja disciplina, pero también una forma de comenzar el día conectada con el entorno. La bicicleta permite observar el ritmo real de la ciudad: el tránsito que se intensifica, las escuelas que abren, las charlas en las veredas.
Política y cercanía
En tiempos en los que la política suele percibirse distante, la imagen transmite otra idea: se puede ocupar un rol institucional relevante y, al mismo tiempo, sostener hábitos cotidianos y cercanos. Los saludos espontáneos y los intercambios breves con vecinos forman parte del recorrido.
La postal matinal es sencilla pero significativa. No hay estridencias ni protocolos. Solo pedaleo, calles conocidas y una ciudad que despierta. Diez kilómetros por día que unen salud, territorio y presencia constante.






