El testimonio del nieto de Cris Morena y Gustavo Yankelevich sobre los maltratos que sufrió durante su infancia abrió un debate sobre la detección de la violencia intrafamiliar, el rol de las instituciones y la importancia de escuchar a los niños. Especialistas advierten sobre los síntomas que pueden pasar inadvertidos y explican cómo actuar ante un relato de maltrato.
El testimonio de Valentín Yankelevich sobre la violencia que, según relató, sufrió durante su infancia volvió a poner en primer plano una problemática que atraviesa a miles de familias. El joven, hoy piloto de TC 2000, contó que durante su niñez padeció golpes, encierros, privaciones de comida y violencia psicológica por parte de su padre, Darío Giordano, mientras atravesaba el duelo por la muerte de su madre, Romina Yan.
Según su relato, su hermano mayor, Franco, también fue víctima de los maltratos. Ambos habrían intentado contar lo que sucedía a sus abuelos paternos, pero no encontraron la respuesta que necesitaban. La situación comenzó a cambiar cuando Cris Morena advirtió señales de alarma y se lo comunicó a Gustavo Yankelevich, quien impulsó un proceso judicial para obtener la tenencia de sus nietos.
El camino incluyó declaraciones en Cámara Gesell y una tenencia provisoria que, de acuerdo con el relato difundido, se convirtió en definitiva tres años y medio después. La familia decidió no avanzar con una denuncia penal para preservar la integridad de los chicos durante su minoría de edad.
Las señales de alerta que pueden pasar inadvertidas
El caso también abrió interrogantes sobre la capacidad de los adultos y las instituciones para detectar situaciones de maltrato infantil. De acuerdo con datos de Unicef citados en el debate, casi seis de cada diez chicos de entre 1 y 14 años en Argentina sufrieron violencia durante la crianza.
La psicóloga Laura Da Re, especialista en violencia de género y maltrato infantil, señala que los niños no siempre expresan lo que les sucede de manera directa ni recurren a sus familiares más cercanos. En ocasiones, buscan apoyo en docentes, compañeros de escuela o vecinos, personas con quienes logran establecer un vínculo de confianza.
Entre las señales que requieren atención aparecen los cambios repentinos de conducta, el aislamiento, el silencio, las alteraciones en la alimentación y la reaparición de conductas que ya habían sido superadas, como volver a hacerse pis en la cama. También pueden observarse reacciones de temor ante el contacto físico o dificultades para relacionarse con otras personas.
En el caso de la familia Yankelevich, uno de los indicios que encendió las alarmas fue el cambio de comportamiento de Franco, quien dejó de hablarle a su abuelo. Al insistir para comprender qué ocurría, Gustavo escuchó un relato que evidenciaba la gravedad de la situación.
Cómo escuchar a un niño que pide ayuda
Da Re remarca que la respuesta de los adultos es fundamental cuando un niño comienza a contar una experiencia de violencia. La recomendación es escucharlo con atención, transmitirle seguridad y evitar preguntas insistentes que puedan hacerlo sentir interrogado.
La especialista advierte que repreguntar por ansiedad o intentar obtener detalles de manera apresurada puede alterar el relato. Por eso, considera indispensable que la intervención quede en manos de profesionales capacitados en maltrato infantil y preparados para una escucha activa.
Los cambios en el aprendizaje o los problemas de conducta también pueden requerir atención, aunque no siempre se relacionan de manera directa con una situación de violencia. La detección temprana y el acompañamiento adecuado resultan claves para evaluar cada caso y garantizar la protección de los chicos.
En la Ciudad de Buenos Aires, el Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes cuenta con defensorías zonales y equipos especializados para recibir estas situaciones. En el resto del país, la intervención puede canalizarse a través de los organismos locales de protección integral de derechos.
La obligación de informar una posible situación de maltrato busca evitar que los hechos permanezcan ocultos dentro del ámbito familiar. La prioridad debe ser proteger al niño y permitir que profesionales especializados evalúen los pasos necesarios.
La respuesta del padre y el debate judicial
Tras las declaraciones públicas de Valentín, Darío Giordano difundió un comunicado en el que negó los hechos denunciados y sostuvo que debió defender su lugar como padre en un contexto de vulnerabilidad tras la muerte de Romina Yan.
En su mensaje, afirmó que las relaciones de poder pueden influir en la difusión de distintas versiones de una historia y reconoció que pudo haber cometido errores, aunque negó haber pretendido ser un padre perfecto.
El caso volvió a instalar preguntas sobre el modo en que se investigan las denuncias de violencia intrafamiliar, la escucha de los niños y el funcionamiento de los mecanismos de protección. También expuso las dificultades que pueden enfrentar las víctimas para conseguir que su entorno advierta lo que sucede puertas adentro.
Más allá de la repercusión pública, el testimonio pone el foco en una cuestión central: los cambios de conducta, el aislamiento y las expresiones de temor de un niño no deben minimizarse. Escuchar sin presionar, recurrir a profesionales preparados y activar los organismos de protección son pasos fundamentales para intervenir ante una posible situación de maltrato.






