Francia comenzó esta semana con una marcada escalada en las protestas sociales. Este lunes 19 de octubre, un grupo de estudiantes de escuelas de arte bloqueó los accesos al Museo del Louvre en París, impidiendo la apertura habitual de la institución. La acción fue en apoyo a las movilizaciones estudiantiles que vienen desarrollándose en diferentes ciudades del país.
El Louvre como escenario de protesta
Los manifestantes eligieron el icónico museo como punto de impacto simbólico. Dejan un panfleto que rezaba: “Estamos orgullosos de anunciar que estamos bloqueando el museo más grande del mundo”, según confirmaron desde el lugar. La dirección del Louvre aclaró que la protesta no tiene vínculo directo con la institución, sino que el museo fue utilizado como “caja de resonancia” para visibilizar los reclamos estudiantiles.
Agricultores en la ruta y restricciones en Marsella
El movimiento de protesta también se extendió a zonas rurales e industriales. Cerca de Lyon, unos 20 tractores de agricultores cortaron la autopista A47 en Chasse-sur-Rhône, generando demoras y tráfico interrumpido. Las autoridades pidieron que mantuvieran al menos un carril abierto para garantizar la circulación mínima de vehículos.
En Marsella, ante los recientes episodios de violencia y saqueos ocurridos el sábado, la prefectura de policía prohibió toda concentración y manifestación entre las 12 y las 20 de hoy, para prevenir nuevos incidentes.
Nuevo capítulo de las protestas de los chalecos amarillos
El contexto general de estas movilizaciones se enmarca en la continuidad del conflicto social que los chalecos amarillos iniciaron en 2018, con reclamos contra el aumento del costo de vida y la erosión del poder adquisitivo. Desde su coordinación nacional, anunciaron una segunda jornada de protestas bajo la denominación “Acte II” para el próximo sábado 24 de octubre.
El portal oficial 17octobregiletjaune.net difundió un mapa con decenas de puntos de concentración en toda Francia, anticipando posibles tensiones para las fuerzas de seguridad, que ya debieron afrontar incidentes violentos tras las manifestaciones del último fin de semana.
Así, Francia se mantiene en un clima de alta conflictividad social, con múltiples sectores movilizados y un panorama social en el que reclamos económicos y descontento ciudadano se expresan en las calles y rutas del país.
