Enfermeras, instrumentadoras y personal civil fueron clave durante el conflicto de 1982, pero durante décadas quedaron fuera del reconocimiento oficial. Hoy, su historia impulsa reclamos judiciales y una revisión del relato histórico.
A 44 años de la Guerra de Malvinas, la historia comienza a incorporar un capítulo que durante décadas fue invisibilizado: la participación de las mujeres en el conflicto.
Lejos de los combates en las islas, enfermeras, instrumentadoras quirúrgicas, radiooperadoras y personal civil desempeñaron un rol fundamental en hospitales, bases militares y buques del Atlántico Sur, asistiendo a los heridos en condiciones extremas.
Un rol clave en medio de la guerra
Desde el inicio del conflicto, el 2 de abril de 1982, estas mujeres fueron convocadas por las Fuerzas Armadas y la Marina Mercante para cumplir funciones sanitarias y logísticas.
En muchos casos, sin formación militar ni preparación para escenarios de guerra, debieron atender a soldados con heridas graves, amputaciones, cuadros de desnutrición, congelamiento y shock, además de brindar contención emocional.
Uno de los puntos centrales fue el hospital reubicable instalado en Comodoro Rivadavia, donde enfermeras de la Fuerza Aérea recibían a combatientes evacuados desde las islas.
También fue clave el trabajo a bordo del ARA Almirante Irízar, donde instrumentadoras realizaron cirugías en condiciones precarias, con turnos continuos y en medio del movimiento del mar.
Adolescentes en la primera línea sanitaria
Uno de los episodios más impactantes fue el de las aspirantes de enfermería de la Armada en Puerto Belgrano, muchas de ellas de 15 y 16 años, que debieron atender a heridos graves, incluidos sobrevivientes del hundimiento del ARA General Belgrano.
Sin preparación psicológica, enfrentaron escenas de extrema dureza que marcaron sus vidas.
Silencio y falta de reconocimiento
Tras el fin de la guerra, el 14 de junio de 1982, comenzó una etapa de silencio impuesto. Muchas de estas mujeres recibieron órdenes explícitas de no hablar sobre lo vivido.
Durante años quedaron excluidas del reconocimiento como veteranas, ya que las normas solo contemplaban a quienes habían estado en las islas, dejando afuera a quienes cumplieron funciones en el continente o en zonas operativas.
Consecuencias y lucha por derechos
La falta de reconocimiento tuvo consecuencias profundas: muchas desarrollaron trastorno de estrés postraumático, depresión y otras secuelas que no fueron atendidas institucionalmente.
Recién décadas después comenzaron a visibilizarse sus historias, impulsadas por investigaciones, documentales y reclamos judiciales.
En 2012, el Estado reconoció a un grupo de mujeres que actuaron en el Teatro de Operaciones del Atlántico Sur, y en 2021 fallos judiciales ampliaron el criterio al considerar que la atención sanitaria también forma parte de la acción de guerra.
Una historia que empieza a ser contada
El proceso de reconocimiento sigue en marcha y abre un debate sobre el lugar de las mujeres en la memoria oficial del conflicto.
Libros, testimonios y producciones audiovisuales permitieron reconstruir sus trayectorias y poner en discusión una mirada histórica que durante décadas invisibilizó su aporte.
Hoy, su historia forma parte de una reparación colectiva pendiente, que busca reconocer no solo su rol en la guerra, sino también las consecuencias que cargaron en silencio durante años.






