La inflación volvió a encender señales de alerta en marzo. Según el INDEC, el índice de precios al consumidor (IPC) alcanzó el 3,4%, el registro más alto de los últimos doce meses y un dato que interrumpe la tendencia de desaceleración que el Gobierno venía destacando.
El salto inflacionario llevó la suba acumulada del primer trimestre al 9,4% y consolidó una dinámica mensual en torno al 3%, lo que empieza a tensionar las expectativas del programa económico que impulsa Javier Milei junto a su ministro de Economía, Luis Caputo.
Desde el oficialismo buscaron relativizar el dato. Caputo explicó que la aceleración respondió a “shocks puntuales”, en particular por el encarecimiento del petróleo en el marco del conflicto en Medio Oriente, que impactó en combustibles, transporte y costos logísticos. En la misma línea, Milei habló de “eventos descomunales” y sostuvo que la inflación retomará la senda descendente.
Sin embargo, el dato dejó en evidencia algunos factores estructurales que siguen presionando sobre los precios. Los regulados avanzaron 5,1%, mientras que alimentos —especialmente la carne— tuvieron un fuerte impacto en el índice general, con subas cercanas al 7% en el Gran Buenos Aires.
Por rubros, Educación lideró los aumentos con 12,1% por el inicio del ciclo lectivo, seguido por Transporte con 4,1%, impulsado por combustibles y tarifas. A su vez, los ajustes en servicios públicos continúan jugando un rol clave en la dinámica inflacionaria.
En paralelo, la evolución de la canasta básica reflejó una desaceleración respecto de meses previos, aunque sin lograr compensar la pérdida acumulada del poder adquisitivo. La canasta alimentaria subió 2,2% mensual y la total 2,6%, con variaciones interanuales por encima del 30%.
El frente externo también sumó presión. El Fondo Monetario Internacional elevó su proyección de inflación para la Argentina al 30,4% anual, casi duplicando estimaciones anteriores, y ajustó a la baja las previsiones de crecimiento.
El organismo atribuyó el cambio a un “choque de oferta negativo” global, vinculado a tensiones geopolíticas y subas en los costos de energía y transporte, lo que complica el sendero de desinflación.
En el mercado, las expectativas comenzaron a alinearse con ese escenario. Las proyecciones ya se ubican en torno al 30% anual, con revisiones al alza sostenidas en los últimos meses. Analistas advierten que la desinflación será más lenta de lo previsto y señalan la falta de un ancla nominal clara como uno de los principales desafíos.
Así, el dato de marzo dejó un mensaje doble: por un lado, la confirmación de que el proceso de desaceleración enfrenta obstáculos; por otro, la necesidad de recalibrar expectativas en un contexto donde los factores externos y las tensiones internas siguen condicionando la evolución de los precios.






