El pintor y dibujante mendocino falleció a los 97 años en Unquillo, Córdoba. Su obra abordó la violencia política y anticipó imágenes asociadas a la desaparición de personas, una tragedia que atravesó personalmente tras el secuestro de su hija Paloma.
Una obra atravesada por la historia argentina
Carlos Alonso murió a los 97 años en Unquillo, Córdoba, ciudad donde residía desde hacía varios años. Nacido en Mendoza, construyó una extensa trayectoria como pintor y dibujante y dejó una producción marcada por la dimensión política y social de la historia argentina.
Una de las etapas más significativas de su carrera estuvo vinculada con la representación de la violencia que atravesó al país durante la última dictadura militar.
El 26 de abril de 1976, apenas un mes después del golpe de Estado, presentó la muestra “El ganado y lo perdido” en una galería de la calle Florida. La exposición reunía 45 trabajos realizados entre 1972 y 1976 y contenía imágenes que remitían a la violencia que comenzaba a desplegarse.
En aquellas obras aparecían personas con los ojos vendados, figuras desdibujadas y fotografías relacionadas con familiares ausentes. Imágenes que, con el paso del tiempo, quedaron estrechamente asociadas a la figura de los desaparecidos.
El secuestro de su hija y el exilio
La relación entre su obra y la tragedia de la dictadura adquirió una dimensión personal cuando su hija Paloma Alonso fue secuestrada y desaparecida en 1977.
Después de ese episodio, el artista abandonó Argentina y se exilió primero en Italia y posteriormente en Madrid. Años después recordó aquel período como una etapa en la que tuvo que alejarse de su trabajo para atravesar las pérdidas provocadas por la violencia política y el exilio.
“Varios de esos años estuve sin trabajar, recuperándome de las pérdidas; la de mi hija Paloma, la del país, la pérdida de mis afectos, y todo lo que tiene que ver con el exilio”, había expresado.
Un artista también ligado a la literatura
Además de sus pinturas, Alonso desarrolló una reconocida faceta como ilustrador. Entre sus trabajos se encuentran versiones de grandes obras de la literatura argentina y universal.
Ilustró Don Quijote de la Mancha, poemas de Pablo Neruda, El gaucho Martín Fierro de José Hernández, El matadero de Esteban Echeverría y El juguete rabioso de Roberto Arlt.
Su producción trascendió las fronteras argentinas y fue exhibida en instituciones y galerías de distintos países, entre ellas el Museo Nacional de Bellas Artes de México, el Museo de Arte de La Habana, las galerías Giulia de Roma y Eidos de Milán y la Bedford Gallery de Londres.
Su huella en Córdoba
Durante la década de 1990, Alonso también tuvo a su cargo una intervención de gran escala en Córdoba: realizó las pinturas destinadas a los paneles centrales de la cúpula del Teatro San Martín de la ciudad de Córdoba.
Su trayectoria quedó así vinculada a distintos lenguajes y espacios del arte, desde la pintura y el dibujo hasta la ilustración y las intervenciones de gran formato.
Pero una parte central de su legado quedó asociada a la capacidad de su obra para registrar una época de violencia y convertir el dolor personal y colectivo en imágenes que permanecieron como testimonio y memoria.






