La Ciudad lanzó una licitación para concesionar una bóveda histórica e incorporar venta de alimentos, un gift shop y recorridos nocturnos. Una heredera presentó un amparo y especialistas cuestionaron el proyecto. El debate reabre la discusión sobre los límites del turismo en los cementerios históricos.
El Cementerio de la Recoleta quedó en el centro de una fuerte polémica luego de que el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires avanzara con una licitación para concesionar durante cinco años una bóveda del predio y desarrollar allí nuevos servicios destinados a los visitantes.
El proyecto contempla la instalación de un punto de expendio de alimentos y bebidas bajo modalidad take away, un gift shop y recorridos nocturnos guiados, una propuesta que generó cuestionamientos sobre los límites de la explotación turística y comercial dentro de uno de los principales patrimonios funerarios del país.
La iniciativa alcanza a un espacio cubierto de aproximadamente 24,5 metros cuadrados, ubicado dentro del Área de Protección Histórica del cementerio.
Sin embargo, el proceso derivó además en un conflicto judicial. Lucía Girado, heredera de la familia que mantiene la concesión del mausoleo desde 1890, presentó un recurso de amparo y aseguró que nunca fue notificada de la caducidad de la bóveda.
Según su planteo, tampoco conoce actualmente el paradero de los féretros de su padre y sus abuelos que se encontraban allí. La situación contrasta con la posición oficial, que consideró que se trataba de una bóveda sin uso y restituida administrativamente.
El rechazo a la gastronomía dentro de Recoleta
La propuesta también fue cuestionada por la Asociación de Amigos del Cementerio de la Recoleta (Adacre), que manifestó reparos especialmente sobre la incorporación de servicios gastronómicos dentro del predio.
Desde la entidad propusieron como alternativa utilizar la bóveda para crear un Centro de Difusión e Información Cultural, destinado a exhibiciones y a la comercialización de libros y objetos relacionados con la historia y el patrimonio del lugar.
Inaugurado en 1822, Recoleta fue el primer cementerio público de Buenos Aires y actualmente constituye uno de los principales atractivos históricos de la Ciudad. Allí descansan expresidentes, dirigentes políticos, científicos, escritores y artistas, y más de 90 de sus bóvedas fueron declaradas Monumento Histórico Nacional.
Qué hacen otros cementerios históricos del mundo
La incorporación del turismo a los cementerios históricos no es exclusiva de Buenos Aires. Grandes necrópolis de Europa y Estados Unidos desarrollaron distintos modelos para recibir visitantes y, al mismo tiempo, generar recursos para preservar su patrimonio.
El Père-Lachaise de París, por ejemplo, recibe más de tres millones de visitantes por año y ofrece mapas e información turística. Sin embargo, las autoridades francesas remarcan que continúa siendo un cementerio activo y no simplemente un museo o parque.
Uno de los antecedentes más cercanos al proyecto porteño se encuentra en Viena. El Cementerio Central posee un Museo Funerario, una tienda, audioguías, paseos en carruaje y un café ubicado junto a uno de sus accesos. Durante determinados meses también se realizan visitas nocturnas con linternas.
En Londres, Highgate Cemetery desarrolló proyectos de tienda, centro de visitantes y café como parte de una estrategia para obtener recursos destinados a su conservación. Otros cementerios británicos también incorporaron propuestas gastronómicas y comerciales vinculadas con su patrimonio.
Un modelo diferente es el del Cementerio Nacional de Arlington, en Estados Unidos. Allí funciona un centro de visitantes con exposiciones, mapas y una tienda de recuerdos, pero está prohibido consumir alimentos dentro del cementerio.
El debate que se abre en Buenos Aires
La discusión, por lo tanto, no pasa únicamente por incorporar actividades turísticas a Recoleta. Los distintos modelos internacionales muestran diferencias sobre dónde se desarrollan esos servicios, qué actividades se permiten dentro de los espacios funerarios y qué destino tienen los ingresos generados.
En Buenos Aires, la controversia suma además el reclamo de la familia vinculada a la bóveda elegida para la concesión y las críticas de organizaciones dedicadas a preservar el patrimonio.
Mientras avanza la discusión judicial, el proyecto abrió un debate que excede al Cementerio de la Recoleta: hasta qué punto un cementerio histórico puede convertirse también en un espacio turístico y comercial sin perder su carácter funerario y patrimonial.






